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Reestructuración Brady vs Reestructuración 2026

August 31, 2026 Daniel De Sousa 2 min read
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La comparación es casi la de dos mundos distintos. El Brady fue un refinanciamiento ordenado, coordinado y patrocinado de una masa de deuda relativamente homogénea; una reestructuración venezolana hoy sería un ejercicio fragmentado, litigado y politizado sobre un pasivo gigantesco y heterogéneo, en un contexto institucional y geopolítico sin comparación con el de 1990. Diferencias que considero decisivas:

1. Escala y perímetro. El Brady reestructuró alrededor de 20.000 millones de dólares de deuda bancaria. Hoy hablamos de otra magnitud: un total de al menos 150.000 millones de dólares, más de 200 % del PIB, que en algunas cuentas llega a los 240.000 millones si se suman todas las reclamaciones. El propio proceso lanzado en mayo de 2026 abarca todos los pasivos externos del sector público —bonos de la República, de PDVSA y de Elecar— en un proceso que asumimos será único y unificado.

2. Naturaleza de los acreedores y coordinación. Ésta es una de las diferencias operativas más grandes. En 1990 el interlocutor era un Comité Asesor de Bancos: pocos cientos de bancos regulados, jugadores repetitivos, con incentivo a preservar la relación y a negociar en bloque. Hoy la masa está atomizada y es adversarial: bonistas soberanos, de PDVSA y Elecar, dispersos, laudos arbitrales e ICSID, reclamos por expropiaciones, proveedores, y acreedores bilaterales como China y Rusia. Probablemente los acreedores se organicen en comités representativos separados (bonistas soberanos, bonistas de PDVSA, acreedores de arbitraje y litigio, proveedores comerciales, etc.). No hay un único acreedor con quien “cerrar”. Recientemente se anunció en medios internacionales la creación de un comité de acreedores cuyo objetivo es organizar a acreedores comerciales y beneficiarios de laudos arbitrales. El objetivo de este comité ya no parece dirigido a los bonistas.

3. El problema de acción colectiva. El Brady no tenía holdouts relevantes; hoy sí. Los bonos venezolanos tienen CAC antiguas, serie por serie, con umbrales de 75 % y en algunos casos 85 %, e incluso bonos sin CAC alguna, lo que obliga a negociar título por título y deja espacio a bloqueos coordinados. Por eso las propuestas técnicas actuales giran en torno a herramientas coercitivas que el Brady no necesitó: consentimientos de salida (exit consents) y sweeteners como instrumentos centrales para atar a los holdouts.

4. La ley aplicable ya no es la pregunta. En 1990, el gran tema jurídico era llevar préstamos a bonos de ley de Nueva York y conciliar el foro extranjero con la Cláusula Calvo. Eso hoy parece ser práctica consolidada: una parte importante de la deuda ya es de ley neoyorquina. La pregunta constitucional migró hacia la validez y la autorización: si el instrumento es o no contrato de interés público nacional, y si tuvo aprobación parlamentaria.

5. El rol de Estados Unidos. En el Brady, EE. UU. era el patrocinador constructivo (el propio Plan llevaba el nombre de su Secretario del Tesoro) y el FMI/Banco Mundial financiaban el colateral con condicionalidad de reformas. Hoy EE. UU. juega un rol más dominante en un sentido mucho más controlador.

6. La ausencia del FMI. El Brady se ancló en el FMI. Hoy, de forma inusual, el análisis de sostenibilidad de deuda no lleva la firma del FMI. Es un proceso guiado por Wall Street y Washington más que por el Washington multilateral.

7. El colateral cambió de naturaleza. El Brady se sostuvo en bonos cero cupón del Tesoro en custodia en la Reserva Federal. Hoy el “colateral” parece haber migrado al negocio del petróleo, gas, minería y activos como CITGO. Se han mencionado instrumentos ligados al petróleo o al PIB, como posibles instrumentos para agregar valor, así como versiones modernizadas de los canjes deuda-por-capital (debt to equity), con derechos de desarrollo sobre petróleo, gas y minerales, lo que requeriría un análisis sobre la propiedad estatal de los yacimientos y las alternativas de inversión disponibles bajo la legislación vigente y la estructuración de estas alternativas como oportunidades de inversión para los acreedores.

8. Doctrina Alter Ego. En 1990, PDVSA no estaba expuesta, hoy sí. Incluso tras Crystallex, los activos de PDVSA en EE. UU. son alcanzables por los acreedores del soberano.

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